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Él lo hace posible
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Podemos actuar mejor y ser mejores

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Podemos ser mejores

¿Cómo puede ayudarnos a ser mejores el proceso del arrepentimiento?

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Confiar en la Expiación de Jesucristo

¿Cómo el confiar en la Expiación de Jesucristo nos puede ayudar a conocer al Salvador?

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Limpios mediante el arrepentimiento

¿Cómo puedes quedar limpio por medio del arrepentimiento’

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La familia Fu

Descubre cómo puedes llegar a saber por ti mismo si Dios existe.

¿Quién es Jesucristo?

Hijo de Dios

Jesús es el Primogénito de Dios el Padre en el espíritu y es el único Hijo de Dios en la carne. Su madre mortal, María, lo tuvo dentro de sí antes de que naciera y lo crió cuando Él estuvo en la tierra. Su misión se decidió antes de que el mundo se creara.

Maestro

Jesús fue el mayor maestro que haya existido jamás, y sigue enseñándonos hoy. A los doce años, encontraron a Jesús enseñando a los doctores en el templo (véase Lucas 2:46). Se asombraron por Su conocimiento. Jesús continuó enseñando grandes sermones a lo largo de Su vida.

Ejemplo

Jesús vivió una vida perfecta, libre de pecado y nos dio un ejemplo perfecto de cómo vivir. Todas las cosas religiosas deben hacerse en su Santo nombre.

Salvador

El nombre hebreo de Jesús es Jeshua, que significa “Salvador”. Jesús cumplió Su papel de Salvador mediante Su sacrificio voluntario y Su resurrección.

Reiniciar
Seguir a Jesucristo

¿Quién es Jesucristo? Jesús es el Salvador del mundo. Al seguirlo a Él, encontramos mayor paz y felicidad en la vida.

Jesucristo enseñó muchas cosas mientras estuvo en la tierra, la mayor de las cuales fue el amor.

Los profetas y apóstoles modernos hablan de cambio y arrepentimiento

Por tanto, cuando Jesús nos pide a ustedes y a mí que nos “arrepintamos”, nos invita a cambiar nuestra mente, conocimiento, espíritu, e incluso cómo respiramos. Nos pide que cambiemos la forma en que amamos, pensamos, servimos, invertimos el tiempo, tratamos a nuestra esposa, enseñamos a nuestros hijos, y aun cómo cuidamos nuestro cuerpo.

Nada es más liberador, más ennoblecedor ni más crucial para nuestro progreso individual que centrarse con regularidad y a diario en el arrepentimiento. El arrepentimiento no es un suceso; es un proceso; es la clave de la felicidad y la paz interior; cuando lo acompaña la fe, el arrepentimiento despeja el acceso al poder de la expiación de Jesucristo.

"Podemos actuar mejor y ser mejores", Conferencia General de abril de 2019

El Evangelio de Jesucristo nos da el desafío de cambiar. “Arrepentíos” es su mensaje más frecuente, y arrepentirse significa abandonar todas nuestras prácticas —sean éstas personales, familiares, étnicas y nacionales— que sean contrarias a los mandamientos de Dios. El propósito del Evangelio es transformar personas comunes en seres celestiales, y eso requiere cambio. …

Jesús nos mandó amarnos unos a otros y demostramos ese amor por la forma en que nos servimos el uno al otro. También se nos manda amar a Dios, y demostramos ese amor si nos arrepentimos continuamente y guardamos Sus mandamientos (véase Juan 14:15). El arrepentimiento significa más que el abandonar nuestros pecados; en su sentido más amplio, requiere cambio; debemos abandonar todas nuestras tradiciones que sean contrarias a los mandamientos de Dios. Al llegar a ser plenos participantes de la cultura del Evangelio de Jesucristo, llegamos a ser “conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (Efesios 2:19).

“Arrepentimiento y cambio”, Conferencia General de octubre de 2003

No se recibe una mayor santidad simplemente al pedir por ella, sino que llegará al hacer lo necesario para que Dios nos cambie.

“La santidad y el plan de felicidad”, Conferencia General de octubre de 2019

Nuestra disposición a arrepentirnos demuestra nuestra gratitud por el don de Dios y por el amor y el sacrificio del Salvador en nuestro favor. Los mandamientos y los convenios del sacerdocio proporcionan una prueba de fe, obediencia y amor por Dios y Jesucristo, pero, lo que es más importante, brindan la oportunidad de sentir el amor de Dios y de recibir una medida de gozo absoluto, tanto en esta vida como en la venidera. …

Recuerden: el cielo no estará lleno de personas que nunca cometieron errores, sino de aquellos que reconocieron que se habían desviado y corrigieron sus caminos para volver a la luz de la verdad del Evangelio.

Cuanto más atesoremos las palabras de los profetas y las pongamos en práctica, más nos daremos cuenta del momento en que nos estemos desviando, aunque sólo sea cuestión de unos cuantos grados.

“Cuestión de sólo unos grados”, Conferencia General de abril de 2008

La invitación a arrepentirnos rara vez es una reprimenda; es más bien una petición amorosa de que nos demos vuelta y de que nos volvamos de nuevo hacia Dios13. Es el llamado de un Padre amoroso y de Su Hijo Unigénito a que seamos más de lo que somos, que alcancemos un nivel de vida mejor, que cambiemos y que sintamos la felicidad que proviene de guardar los mandamientos. En calidad de discípulos de Cristo, nos regocijamos en la bendición de arrepentirnos y en el gozo de ser perdonados. Ellos llegan a ser parte de nosotros, y moldean nuestra forma de pensar y de sentir. ...

Para la mayoría, el arrepentimiento es sereno y privado, buscando a diario la ayuda del Señor para realizar los cambios necesarios.

Para la mayoría de las personas, el arrepentimiento es una jornada, no un acontecimiento de una sola vez. No es fácil; cambiar es difícil; requiere ir contra el viento, nadar contra la corriente. Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame”17. Arrepentirse significa apartarse de ciertas cosas como la deshonestidad, el orgullo, la ira, los pensamientos impuros, y recurrir a cosas como la bondad, el desinterés, la paciencia y la espiritualidad; es volver hacia Dios. ...

El arrepentimiento no sólo nos cambia a nosotros, sino que bendice a nuestra familia y a los seres queridos. Gracias a nuestro arrepentimiento sincero, cuando el Señor lo considere oportuno, Sus brazos extendidos no sólo nos rodearán a nosotros, sino que también llegarán a la vida de nuestros hijos y de nuestra posteridad. El arrepentimiento siempre implica que hay mayor felicidad por delante.

“Arrepent[íos]… para que yo os sane”, Conferencia General de octubre de 2009

Cambiar el comportamiento y regresar al “camino correcto” son parte del arrepentimiento, pero solo una parte. El verdadero arrepentimiento también incluye entregar nuestro corazón y voluntad a Dios y abandonar el pecado. Como se explica en Ezequiel, arrepentirse es “… [volver del]… pecado… [hacer] lo que es justo y recto… [restituir] la prenda… y [caminar] en los estatutos de la vida, sin cometer injusticia”. …

El verdadero arrepentimiento debe implicar fe en el Señor Jesucristo, fe en que Él nos puede cambiar, fe en que puede perdonarnos y fe en que nos ayudará a evitar más errores. Este tipo de fe hace que Su expiación sea eficaz en nuestra vida. Cuando nos “damos cuenta después” y nos “damos vuelta” con la ayuda del Salvador, podemos sentir esperanza en Sus promesas y en el gozo del perdón. Sin el Redentor, la esperanza y el gozo inherentes se evaporan, y el arrepentimiento se convierte simplemente en una modificación de conducta lamentable, pero al ejercer fe en Él, nos convertimos en creyentes de Su capacidad y disposición de perdonar el pecado. …

En vez de poner excusas, elijamos el arrepentimiento. Mediante el arrepentimiento, uno puede “volver en sí”, como el hijo pródigo de la parábola, y reflexionar en la importancia eterna de nuestras acciones. Cuando comprendemos cómo nuestros pecados pueden afectar nuestra felicidad eterna, no solo nos arrepentimos de verdad, sino que también nos esforzamos por ser mejores. …

El hecho de que podamos arrepentirnos ¡son las buenas nuevas del Evangelio!23. La culpa se puede “expurgar”24. Podemos ser llenos de gozo, recibir la remisión de nuestros pecados y tener “paz de conciencia”25. Podemos ser liberados de los sentimientos de desesperación y de la esclavitud del pecado. Podemos estar llenos de la maravillosa luz de Dios y “no [sentir] más dolor”26. El arrepentimiento no solo es posible, sino que también es gozoso, gracias a nuestro Salvador.

“El arrepentimiento: Una gozosa elección”, Conferencia General de octubre de 2016

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